¿De qué vale la frustración?... ¿Ya te lo has preguntado?

Muchos de nosotros podríamos pensar a simple vista, que las situaciones en las que sentimos decepción, son modelos que tenemos que alejar de nuestras vidas, y aunque esta premisa tenga algo de verdad, hay mucho más por descubrir cuando pensamos si vale la frustración en nuestras vidas.

El neuróciéntifico Facundo Manes en red social Facebook, compartía hace unos días atrás, una fotografía que retrataba el preciso instante en que su pequeño hijo competía en su primer torneo de fútbol como arquero y perdía al impedir que el balón ingrese al arco. La pelota pasaba entre sus dos manitos pequeñas y cubiertas de unos guantes enormes.

No hacía falta que la foto mostrase la cara del pequeño, cualquiera que vea aquella imagen podría imaginar con facilidad la decepción del pequeño de haber perdido aquel primer campeonato por la imposibilidad de atajar aquel gol. Pero su padre, por suerte, es un respetado neurocientífico de nivel internacional que pudo ver rápidamente el lado “positivo” de aquella “fatalidad”.

La frustación nos ayuda a aprender

Resulta que en nuestra infancia vale la frustración para hacernos mejores personas. La neurociencia encontró que la decepción, o frustración en niveles moderados, durante la infancia, le ofrecen a nuestro cerebro la posibilidad de aprender a responder con mayor agilidad a las condiciones sociales “no favorables”. Lo principal no es que el niño transite por la frustración, sino que pueda exponerse a una baja presión de estrés, que experimente algo de frustración y que pueda encontrar el apoyo desde niño, en amistades y grupo familiar. Y ese es realmente el aprendizaje o punto favorable de toda esta situación.

Claro que no todas las madres y padres tenemos presente esta información, y por lo general nos duele intensamente ver en nuestro hijo la carita de tristeza luego de una situación como está, en la que pierden una competencia deportiva, por ejemplo. Y es que estamos acostumbrados a pensar que los niños no deben pasar por estas condiciones, sobre todo si se trata de nuestros hijos, pero lo cierto es que existe mucho contenido emotivo, conductual y químico cerebral que nos indica que no viene mal experimentar el tránsito por la desilusión y retomar la vida cotidiana, incluso en la infancia temprana.

Todo es aprendizaje

Este aprendizaje nos da la oportunidad de formar la conducta y razonamiento luego de que algo no resulte como lo esperábamos y entender que una cosa es la expectativa y otra muy diferente es la realidad, y que la sí vale la frustración para formar la fortaleza de nuestro carácter y encontrar el por qué de los vínculos de lazos de amistad y cariño familiar.

Vale la frustración, y vale el tener amigos y familiares que nos enseñen a salir con confianza de estas situaciones.

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